Como todo cambio grande, la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario ha levantado algunas críticas. Hay quien dice que las sanciones son demasiado duras o que no todas las empresas, sobre todo las más pequeñas, tienen fácil aplicar estas medidas. También están los que piensan que vender frutas y verduras feas puede confundir a los clientes o dañar la imagen de las tiendas.
Y entendemos estas dudas. Cambiar no es fácil, ni para las empresas ni para los consumidores. Pero seguir como estamos tiene un coste mucho más alto: millones de kilos de comida que se tiran cada año, recursos que se desperdician y un planeta que paga las consecuencias.
En Satislent, lo vemos así: las buenas intenciones están bien, pero no son suficientes. Si dejamos que cada uno decida por su cuenta, seguiremos en las mismas. Esta ley pone el tema sobre la mesa y marca un camino claro para hacerlo mejor. No es cuestión de castigar, sino de poner las reglas que nos ayuden a todos a cambiar.
Para nosotros, no es algo nuevo. Llevamos tiempo diseñando nuestros productos para que uses solo la cantidad justa, sin sobras, sin desperdicio. Apostamos por ingredientes locales y sostenibles desde el primer día. Así que cuando llega una ley que pide a todos cuidar más los alimentos y aprovechar mejor los recursos, no podemos más que verlo como el paso lógico hacia donde deberíamos ir todos.
Eso sí, creemos que es importante que este tipo de leyes vengan acompañadas de ayudas y herramientas para que todos, sobre todo los pequeños negocios, puedan adaptarse sin quedarse atrás. Cambiar no es fácil, pero es necesario. Y con apoyo, es mucho más posible.
Porque, al final, esto va de cuidar lo que comemos y de cuidar el planeta. Y eso no puede esperar.