Tras el apagón, muchas miradas se dirigieron hacia las energías renovables. El motivo fue la desconexión repentina de 15 gigavatios —el 60% de la demanda eléctrica en ese momento— que colapsó el sistema en cuestión de segundos. Según Red Eléctrica de España (REE), gran parte de esa pérdida provino de instalaciones solares situadas en el suroeste de España. En abril de 2025, las energías renovables representaban aproximadamente el 64% de la generación eléctrica total, con un 20,1% de fotovoltaica y un 21,6% de eólica. La hidráulica aportaba el 19,4%.
Pero es esencial aclararlo: las renovables no son las responsables del apagón. El problema no está en su naturaleza, sino en cómo las hemos integrado en el sistema eléctrico. Las energías renovables, por su propia dinámica, requieren infraestructuras específicas para garantizar su estabilidad, como sistemas de almacenamiento, gestión inteligente de la demanda y capacidad de respuesta ante perturbaciones.
Como ha señalado el científico del CSIC Antonio Turiel, “no es que las renovables fallen, es que no se ha invertido lo suficiente en adaptarlas al tipo de red que tenemos”. No es razonable pedir a la energía del futuro que funcione con las reglas del pasado.